Prospera tu alma

«Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma».

3 Juan 1:2

Todos deseamos tener éxito en lo que emprendemos;

queremos que nuestras relaciones estén bien;

que podamos estar en paz de nuestros enemigos.

Deseamos un trabajo estable, y crecimiento profesional,

que nos asciendan, y que podamos ganar un mejor sueldo.

Deseamos poder comprar la casa y el coche de nuestros sueños;

tener una vida tranquila, y con todas nuestras necesidades cubiertas.

 

También deseamos tener un cuerpo saludable,

poder estar en forma y gozar de salud;

que nuestros órganos funcionen correctamente,

y que estemos libres de estrés.

No queremos tener enfermedades 

que amenacen nuestro futuro o nuestra calidad de vida.

Deseamos evitar tener que depender de medicinas,

o de consultas, o tratamientos periódicos.

Deseamos poder estar bien, 

para disfrutar de nuestros seres queridos por un largo tiempo,

para poder viajar, movernos y comer todo lo que queramos.

 

Pero pocas veces deseamos este tipo de prosperidad:

La espiritual.

¿De qué se trata esto?

De la esencia más profunda de nuestro ser; 

algo más importante que lo material, o que nuestro propio cuerpo.

La parte que nos conecta con Dios, y que nos hace conocerlo,

escuchar su voz y entender sus caminos.

El espíritu, que nos permite hablar con él, 

y reconocerlo cuando nos da instrucciones. 

El que nos guía, nos consuela y nos da sabiduría.

 

Deseamos prosperidad material y física;

prosperidad en nuestros negocios y en nuestras relaciones.

Pero no nos damos cuenta de que toda esa bendición,

es el resultado de la prosperidad de nuestro espíritu. 

Pedimos y nos esforzamos por conseguir las del primer tipo,

pero pocas veces pedimos la última.

No obstante, la prosperidad de mi espíritu, 

debería ser mi objetivo primordial;

porque cuando mi espíritu está bien, 

todo lo demás en mi vida también lo estará.

 

Un espíritu próspero, es el que conoce a Dios,

y se parece a Dios, porque tiene su naturaleza;

por consiguiente hace lo que a Dios le agrada 

y lo que Dios sabe que es mejor.

Un espíritu próspero, tiene la sabiduría de Dios,

y por eso puede tomar decisiones sabias, 

que hacen crecer los negocios.

La sabiduría también da renombre, 

y concede el favor de los hombres, 

para ascender en aquél puesto de trabajo, 

y tener éxito en lo que se emprende.

 

Un espíritu próspero, tiene el carácter de Cristo,

y por eso puede amar y tener paciencia;

puede contestar con una palabra agradable, 

y tiene una actitud humilde.

Puede perdonar a otros y pedir una disculpa cuando se equivoca.

Y un carácter así, cautiva a cualquiera; 

nos da gracia con las personas, y disuelve a cualquier enemigo.

Un carácter así, puede mantener bien todas sus relaciones.

 

Un espíritu próspero, tiene paz y esperanza en Cristo;

sabe esperar en Dios y es fortalecido por sus promesas.

Tiene confianza en Él y reconoce 

que el control de mi vida está en Sus manos.

Por eso no tiene ansiedad, ni el estrés lo domina,

pues sabe que no debe preocuparse por nada, 

sino más bien orar por todo.

Y una mente libre de ansiedad, también resulta en un cuerpo saludable.

Un cuerpo revitalizado, es un cuerpo que puede descansar en paz.

 

Por eso Juan, nos deseó: que seas prosperado en todo, 

y que tengas salud, ASÍ COMO PROSPERA TU ALMA.

Es una relación directa: prosperaré en las dos primeras áreas,

en la medida en que prospero en la última.

Es mi oración más importante: no tener cosas, no estar sano, 

sino tener un espíritu firme y fuerte en Dios.

Porque si tengo éste, lo demás será una consecuencia,

de la vida en abundancia, que Cristo me ofrece al seguirlo.

VJ

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Publicado por Viviana Jiménez

Me defino como una mujer alegre, soñadora, apasionada y creativa. Desde pequeña disfruto cantar, componer y crear cualquier cantidad de cosas. Aunque no me había gustado mucho escribir, recientemente consideré que éste podría ser un gran medio para expresar y compartir con otros, la maravillosa forma en la que Dios ha influenciado y transformado no solo mis pensamientos, sino mi vida entera.

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