Él tenía un huerto
que con sus manos plantó.
Le puso arboles grandes;
un hermoso hogar preparó.
Era un lugar agradable,
con un clima acogedor;
de la tierra subía un olor fragante
y brisa cálida soplaba alrededor.
Diseñó el lugar perfecto
para que yo viviera ahí.
Todo ese espléndido espacio
fue creado pensando en mí.
Él quería que yo viviera
en este huerto, muy cerca de Él.
Quería, día tras día,
disfrutar de mi compañía.
No porque yo fuera muy bueno;
simplemente porque Él estaba enamorado de mí.
Tenía para mí grandes planes,
y me los quería compartir.
Y cada mañana, al despertar,
Él iba a nuestro punto de encuentro,
y me llamaba para conversar.
Era un lugar seguro;
ahí no me hacía falta nada.
Podía descansar en sus brazos;
Su presencia era mi morada.
Pero uno de esos días
me ganó mi egoísmo;
y, en vez de preferir Su amor,
me centré solo en mí mismo.
Hice caso a lo que yo quería,
Sus mandamientos desafié;
y en un abrir y cerrar de ojos,
muy perdido me encontré.
Me di cuenta que estaba desnudo
y la vergüenza me invadió,
así que salí huyendo
cuando escuché de nuevo su voz.
Él llamaba fuerte mi nombre,
pero yo, nunca respondí;
alzaba sus ojos buscándome,
mas yo, por miedo, me escondí.
Sus ojos se llenaron de lágrimas,
me gritaba: ¡¿Dónde estás?!
Su corazón estaba roto,
y yo, ya no pude quedarme más.
Fue sumamente triste
el último día que lo vi;
entendí cuánto me amaba
cuando lloró al verme partir.
Pero Él no pudo soportar
mucho tiempo nuestra separación,
así que tenía un plan
para reparar mi error.
Dejó unos días el huerto
para venir a buscarme;
abandonó su reino
para poder recuperarme.
Soportó un trato injusto
y Su sangre derramó;
pagó por mis equivocaciones,
y en mi lugar, Su vida dio.
Y cuando cumplió su propósito,
de nuevo a casa ascendió;
mas, justo detrás de Él,
una puerta abierta me dejó.
Y no solo la puerta;
también me dejó un camino,
marcado con muchas señales
para que pudiera seguirlo.
Así que, Él está de vuelta
paseándose en ese jardín,
esperando mi regreso
para volver a sonreír.
Cada mañana sale
por el huerto a caminar,
y llama mi nombre fuerte,
a ver si logré llegar.
Su entusiasmo me motiva
a correr de vuelta a casa;
tanto amor me cautiva,
su gracia, ¡me sobrepasa!
Me di cuenta de cuánto bien
me hacía pasar mis días junto a Él;
entonces, sin más pretextos,
me decidí a volver.
Así que me encuentro corriendo
en ese camino hoy,
porque ansío llegar a ese día,
que cuando me llame de nuevo,
pueda responder, por fin:
¡Aquí estoy!
VJ
¡Gracias por leerme! ¿Te gustaría recibir mis actualizaciones en tu correo? Da clic en «Suscribir».