Este cambio de planes molestó mucho a Jonás y se enfureció.
Jonás 4:1-4 NTV
Entonces le reclamó al Señor:
—Señor, ¿no te dije antes de salir de casa que tú harías precisamente esto? ¡Por eso huí a Tarsis! Sabía que tú eres un Dios misericordioso y compasivo, lento para enojarte y lleno de amor inagotable. Estás dispuesto a perdonar y no destruir a la gente. ¡Quítame la vida ahora, Señor! Prefiero estar muerto y no vivo si lo que yo predije no sucederá.
El Señor le respondió:
—¿Te parece bien enojarte por esto?
Jonás fue elegido por Dios para dar un mensaje a los habitantes de Nínive, una de las ciudades de Asiria, la nación que oprimió al pueblo de Israel por algún tiempo. Es por eso que, en un inicio, Jonás se mostró resistente a cumplir lo que Dios le había pedido.
Al final, y no de la mejor manera, Jonás terminó cumpliendo la voluntad de Dios de “pronunciar su juicio contra la ciudad” (Jon. 1:1), pero para su sorpresa, todos los habitantes de Nínive decidieron arrepentirse y Dios se retractó de destruirlos. Esto no le pareció bien a Jonás; ¡al contrario! Se molestó porque NO se cumplió lo que él predijo.
Parece que Jonás no estaba enfocado en lo que Dios quería hacer con el corazón de este pueblo, sino en que se cumpliera su propia voluntad: le dio más importancia a que las cosas se hicieran como él había dicho. Es común pensar más en nosotros mismos que en el bien de las otras personas, ¿no es cierto?
Así que Dios le respondió a Jonás: “¿Te parece bien enojarte por esto?”
Veo a Dios como un padre hablándole a su hijo pequeño que está haciendo un berrinche. Los niños pequeños siempre quieren hacer su voluntad.
A veces yo me comporto como ese niño pequeño. Me aferro a que las cosas salgan a mi manera; quiero tener el control todo el tiempo y me molesto cuando algo no sale como lo planeé. También me enojo cuando alguien hace o recibe algo que para mí “no es justo”. Así que escucho a Dios decirme: “¿Te parece bien enojarte por esto?”
Jonás se perdió de ver un propósito más grande en su tarea. Creyó que Dios solo podía usarlo para dar un mensaje de condenación y no alcanzó a ver que Dios lo usó para el arrepentimiento y salvación de toda una ciudad. ¿Cuántas veces te has enfocado en que las cosas no salieron como tú querías y te pierdes de ver un propósito más grande de Dios para tu vida? Ese propósito, no solo podría beneficiarte a ti, sino también ser de bendición para otros.
Aprendamos de Dios que es misericordioso, lento para enojarse y lleno de amor inagotable (Jon. 4:2), y ha decidido usarnos– con todo y nuestras imperfecciones– para mostrar su amor a otros. En realidad ninguno lo merecíamos.
Así que, la próxima vez que tu corazón arda por “injusticia” o porque algo no está saliendo según tu voluntad, haz una pausa; ajusta tu visión a los propósitos eternos y medita: “¿Te parece bien enojarte por esto?”
VJ
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