He estado rondando aquí abajo
en la tierra de los mortales,
donde hay una multitud de problemas
¡tanto como de personas!
Todos corren de un lado a otro,
van de arriba abajo;
gritan, revolotean, discuten.
No se ponen de acuerdo;
todo es prisa y confusión,
persiguen cosas insignificantes.
Y en todo ese ajetreo,
me envuelven.
Me hacen olvidarme de quién soy,
y busco parecerme a ellos.
Comienzo a creer que todo es mi decisión,
que yo soy el amo de mi vida;
que tengo el control,
y pienso que lo sé todo;
que puedo lograr todo lo que quiera
a mi tiempo y bajo mis términos.
Y entonces, me doy cuenta.
Recuerdo cuál es mi posición.
Miro a mi alrededor y veo que
estoy aquí.
–“Aquí”, ¿dónde?
– Aquí abajo.
Abajo es un lugar muy lejos del cielo;
abajo no puedes mirar tan claro.
Abajo la visión es limitada,
abajo te mezclas con la tierra,
y te vuelves terrenal.
Pero Dios está allá arriba,
mientras yo estoy aquí abajo.
Él es quien gobierna
y decide el curso de la Tierra.
Él sostiene el universo;
pone todo en su lugar.
Él dicta los tiempos
y cambia las estaciones.
Él toma las decisiones
y su poder hace que las cosas sucedan.
Y cuando lo reconocí,
decidí abrirle la puerta.
Lo dejé ser el dueño
de mi vida y mi destino.
Decidí rendirle el control
y esperar en su mover.
Dios sigue arriba
y aunque yo estoy abajo,
recordé que al levantar mi cabeza
y volver hacia Él mi mirada,
puedo disfrutar el privilegio
de ser dirigido por su amor y su sabiduría.
Puedo tener una visión más clara
y superar cada obstáculo.
Puedo descansar en la certeza
de que Él tiene para mí lo mejor.
Dios está arriba
y porque lo miro a Él,
puedo continuar aquí abajo,
en este mundo;
confiado.
VJ
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