Tuve miedo y me escondí

Tuve miedo y me escondí;

lo hice porque me sentí avergonzado.

Me di cuenta de que estaba desnudo;

noté todo lo que me hacía falta.

Se abrieron mis ojos ante mis errores,

y supe del mal que había hecho.

 

Así que, al instante, 

busqué cómo cubrir mi vergüenza.

¡Era tan incómoda! ¡No la soportaba más!

Traté de confeccionar diferentes maneras

de esconder cada falla.

Construí barreras; levanté muros.

Me puse una máscara y eché por delante

las apariencias.

Pretendí que ya no se veía, y pensé:

“Si no hablo de ello, nadie lo notará”.

Preferí guardar silencio y simular que no pasaba nada;

me esforcé por crear una imagen “perfecta”

para no decepcionar a nadie.

La verdad, ¡hice un gran trabajo!

casi todo salía bien y hasta yo me lo creí.

 

Pero mi cubierta no fue suficiente;

poco a poco, empezó a desmoronarse,

porque, en el fondo, algo no se sentía bien.

En mi silencio, algo incomodaba;

en la soledad, me miraba y seguía estando desnudo,

pero no quería reconocerlo;

me volvía a contar la mentira de mi “perfección”.

 

Mas cada día, el dolor se fue haciendo más fuerte

y la molestia más aguda.

Me molestaba recordar mi desnudez,

por eso el miedo se hizo más grande.

¡No podía soportar la angustia de ser descubierto!

Llevé una gran carga y me alejé de Tu amor.

Me aparté de tu presencia y me perdí 

de la vida abundante que planeaste para mí.

 

Pero Tú viniste a buscarme,

y seguiste llamando mi nombre;

esperaste con paciencia a que me diera cuenta de que 

mi pecado era mi “perfección”.

Y cuando logré confesarlo,

me tomaste en Tus tiernas manos

y me cubriste con ropas que,

¡no se comparan con lo que yo había intentado!

Eran de calidad superior.

Eran de la piel del Cordero

que murió para cubrir mis faltas;

¡La evidencia más poderosa 

de Tu amor y Tu perdón!

 

Entonces conocí la gracia

y entendí que el amor cubre multitud de errores.

Solo necesitaba admitirlo

para recibir Tu perdón.

 

Ahora acepto que mi naturaleza

siempre será imperfecta;

pero no hay de qué avergonzarse,

porque Tu amor echa fuera el temor.

Así que hoy camino libre;

sé que me sanarás y estaré seguro.

No habrá más miedo cuando me llames,

pues ahora sé reconocer que,

en la humildad, siempre encontraré 

Tu gracia y aceptación.

VJ

¡Gracias por leerme! ¿Te gustaría recibir mis actualizaciones en tu correo? Da clic en «Suscribir».

Publicado por Viviana Jiménez

Me defino como una mujer alegre, soñadora, apasionada y creativa. Desde pequeña disfruto cantar, componer y crear cualquier cantidad de cosas. Aunque no me había gustado mucho escribir, recientemente consideré que éste podría ser un gran medio para expresar y compartir con otros, la maravillosa forma en la que Dios ha influenciado y transformado no solo mis pensamientos, sino mi vida entera.

Deja un comentario