No era de este mundo

Él no era de este mundo,

pertenecía a otro;

era de otro reino,

vivía junto a Dios.

Pero le hacíamos falta,

pues ya no estábamos en su presencia;

un día salió a encontrarnos

y ya no nos halló.

Así que dejó todo

para venir a buscarnos,

su amor fue tan inmenso

que renunció a ser Dios.

Entonces se hizo hombre

y habitó entre nosotros

para mostrar su gloria

y recuperar nuestro corazón.

No se aferró a nada,

sino que se negó a sí mismo,

tomó forma de siervo

y nos presentó su amor.

Y entonces entendimos

que tampoco somos de este mundo,

que le pertenecemos,

que es Él nuestra nación.

Recordamos que nuestro destino

es estar a su lado,

que nuestra naturaleza

es igual que la de Dios.

Así que, no hay que amar las cosas de este mundo,

ni amoldarnos a éste,

más bien, en todo tiempo,

guardar nuestro corazón.

Pues aunque nos hizo suyos,

nos dejó aquí temporalmente;

y sí, tendremos aflicciones,

mas Él al mundo ya venció.

Oró para que fuéramos guardados,

mas no nos apartó del mundo,

sino que, al igual que a su Hijo,

a este mundo nos envió.

Nos envió para servirle,

para que manifestemos su gloria,

y para que, en donde estemos,

reflejemos su amor.

Hoy somos su instrumento

para alcanzar a otros,

para que también regresen

al ver Su salvación.

Así que, como Cristo,

no vivamos para nosotros mismos,

vivamos por la causa

de Aquél que nos amó.

VJ

¡Gracias por leerme! ¿Te gustaría recibir mis actualizaciones en tu correo? Da clic en «Suscribir».

Publicado por Viviana Jiménez

Me defino como una mujer alegre, soñadora, apasionada y creativa. Desde pequeña disfruto cantar, componer y crear cualquier cantidad de cosas. Aunque no me había gustado mucho escribir, recientemente consideré que éste podría ser un gran medio para expresar y compartir con otros, la maravillosa forma en la que Dios ha influenciado y transformado no solo mis pensamientos, sino mi vida entera.

Deja un comentario